…y sé que a buenas horas, que de nada sirve porque ya está hecho, el daño está hecho. A ellos y a mí.
  
  Se me rompe algo por dentro cuando les levanto la voz, pero esta vez ha sido ira, y sólo recordarlo hace que me sonroje de vergüenza, que no me atreva a mirarles a la cara, que me deshaga en lágrimas y me sienta la peor -con diferencia- madre del mundo.
   Cansancio, estrés, preocupaciones…y de repente los tres gritando al unísono. Uno porque no sabe hacerlo de otra manera. Otra porque está reclamando su lugar y se siente desplazada. El pequeño porque aún no ha acabado de aprender lo que son los límites y desafia a la mínima oportunidad.
   Y he estallado. Les he gritado a pleno pulmón.
   Mientras que uno ni ha acabado de entender qué pasaba y ha seguido su cantinela, otro se ha quedado parado unos segundos y ha seguido insistente con su monotema y ella, la más madura se ha puesto a llorar porque “no la entiendo”.
   ¿De qué ha servido? De nada. De nada. 
   Lo único que he hecho ha sido mostrarles lo peor de mí, un ejemplo nefasto de conducta, que no me extrañaría que comenzaran a imitar para dirigirse los unos a los otros ya que mamá ha hecho lo propio, y si mamá lo ha hecho es que es la manera de hacerlo.
   Y no lo es.
   De verdad que lo siento.
   No he sabido gestionar mies emociones, ni mi falta de paciencia. Se nos acumulan tantas cosas a los adultos…, a unos más que a otros, ya que cada casa, cada circunstancias son diferentes, y la nuestra está en un momento especialmente delicado. Pero no quiero justificarme ni escudarme ni esconderme en excusas, porque no las hay. Porque hay otro modo.
   Ahora sólo puedo verme ahí, en ese momento, roja, encolerizada, enorme ante tres pequeños y me deshago por dentro. Y siento que, por más perdón que les pida, no merezco ni un abrazo, porque ha sido un abuso por mi parte.
   Qué difícil resulta todo esto…ser madre, ser el adulto y ser persona al mismo tiempo, en perfecto equilibrio. Y conlleva una responsabilidad por nuestra parte, un esfuerzo titánico por ser un modelo y un guía en su camino para desarrollarse como los mejores seres humanos que puedan llegar a ser.
   No veo el momento de que lleguen a casa y pueda abrazarlos, y pedirles perdón. Mil veces si es necesario. “Hoy os he gritado y os pido perdón”, y como son tan nobles lo harán, sin entender muy bien porqué están perdonando a esta mami que últimamente está mas cascarrabias de lo habitual.
   Por favor, no me juzguéis como madre lo hago lo mejor de lo que soy capaz, y sigo esforzándome cada día…