Ayer perdí a un familiar muy muy querido. Una persona buena y generosa, y con esa bondad y generosidad se fue, sin hacer ruido, sin molestar…
Si bien era ya mayor, no era algo que me esperara, no aún, así que pasé una mañana complicada, rodeada de tres niños y tratando de gestionar unas emociones que me desbordaban. Buscaba rincones para desahogarme, momentos de silencio para recordar.
En un momento, en el que acababa de hablar por teléfono, me estaba secando las lágrimas y mi casi seis enseguida vino al rescate, con los ojos como platos y preguntando tímidamente si me pasaba o algo o es que estaba resfriada…”si hija, un gran resfriado”, y me abrazó para curarme.
No entré en explicaciones porque apenas la conocían: las distancias en km son muchas y apenas habían tenido contacto con ella.
No han tenido contacto directo con la muerte a día de hoy, bueno sí, alguna que otra mascota, que al principio estaba “volviendo con su familia” y ahora que son algo más mayores sí les explico que han fallecido. Pero es como el que les dice que se ha ido a otra ciudad. Les da pena pero no son conscientes de que no van a volver.
Sólo tienen una abuela, mi madre, aún joven, y es verdad que de vez en cuanto me preguntan por el resto de abuelos, los que están en el cielo.
Y ellos no acaban de entender ese concepto de inevitabilidad, irreversibilidad y de permanencia. Creen que los que se han ido siguen haciendo su vida en el cielo, pero como seres más especiales o mágicos, por norma general. La cuestión es que es algo que aún no son capaces de procesar tan pequeños, y mucho menos de comprender que la muerte puede llegar de mil maneras y a cualquier edad.
Pero preguntan y necesitan saber, y, si llegado el momento nos encontramos en esa situación, venciendo nuestro dolor, les debemos una explicación porque es importante que aprendan a asimilar un proceso de duelo que con los años cobrará forma, y que de no ser adecuado, podrá ocasionar muchos problemas emocionales.

Así bien, ¿cómo actúo ante la pérdida?
1.-Ser sincero.
No esconder el hecho de que alguien (o una mascota: puede ser igual de chocante en un niño o incluso más) ha muerto. Hay que ser honesto y decirles siempre la verdad.
2.- No evitar sus preguntas.
Sienten curiosidad y debemos responder a ella, abordando sus inquietudes. Una buena manera es utilizar cuentos que hablan de la muerte y ayudan a entenderla. En este enlace podéis encontrar una recopilación fantástica de algunos ejemplares que pueden ser de gran ayuda.

3.- Dar explicaciones breves, directas y sencillas.
Los niños muy pequeños no pueden asumir gran cantidad de información, y menos si es tan compleja. Explicarles si había una enfermedad por medio o si ha sido un accidente. Ojo con el tema de la enfermedad, porque con un pensamiento generalista como el de ellos se corre el riesgo de que los pequeños crean que todo el que enferma muere, y hay que dejar claro que no es así, Hay diferentes tipos de enfermedades de mayor y menor gravedad.
Aquí es necesario huir de metáforas a las que somos tan dados los adultos “ha pasado a mejor vida”. No las entienden. Si son muy pequeñitos sí son recomendables porque no hay manera de que cognitivamente puedan afrontar qué ocurre, pero conforme crecen es preferible evitar explicaciones confusas, tipo del “está durmiendo” o “se ha ido”. Por un lado no van a entender porqué no se despierta o no vuelve. Pero es que por otro lado, pueden llegar a asociar que cuando te vayas o te duermas ni volverás ni despertarás. De hecho muchos peques experimentan problemas de seguridad y no quieren alejarse de sus papás tras el fallecimiento de alguien cercano.
El tema irá surgiendo repetidamente, conforme crezcan, una y otra vez, con preguntas cada vez más sofisticadas y complejas. Con santa paciencia deberemos ir dando las explicaciones oportunas ajustándonos a los cambios que nuestros hijos vayan experimentando con la edad.

4.- No ocultar los sentimientos.
Ni los adultos ni los niños. No debemos ignorar el proceso de duelo, y hay que entender que los mayores también necesitamos llorar y desahogarnos, cada uno a nuestro modo, que vamos a pasar por un proceso de tristeza y que vamos a echar de menos a esa persona. Si los niños nos ven tristes y no entienden porqué todo va a ser muy confuso e incluso pueden llegar a pensar que es por ellos. Más los pequeños, en plena etapa del egocentrismo llegando a plantearse si han hecho o dicho algo que nos lleve a sentirnos así, incluso a culpabilizarse de la muerte. Debemos darles toda la seguridad del mundo en esos momentos.
Debemos enseñarles a expresar sus emociones, no a contenerlas, y explicarles que lo que sienten es tristeza, y que el dolor pasará.

5.- Recordar a los fallecidos.
Es importante para procesar bien ese momento de luto. Que se hable de momentos vividos, enseñar recuerdos, que lo manifieste a través de dibujos o lo que al niñ@ le apetezca.
No aislarle de todo lo ceremonial que envuelve la muerte es un buen aliado, siempre dependiendo de la edad claro. Llevarle al hospital, o al tanatorio, o al cementerio, o a la iglesia o según las creencias de cada familia, es algo cultural y debe conocerlo y entender que se esta pasando por ello. No hace falta que vean a la persona en el ataúd, pero sí que vayan entendiendo lo que es darle un adiós, una despedida. Hay que cerrar un ciclo y ha de hacerse con el mejor recuerdo posible.

6.- Recuperar la normalidad lo antes posible.
Volver a sus rutinas a todos los niveles hacen que aumente la seguridad y se ajuste mejor a la nueva situación.

7.- No restar importancia a la muerte de las mascotas.
En determinadas edades y determinados momentos puede ser realmente doloroso para un niño. Debemos ser empáticos con ello y ofrecerles su propia despedida y su propio duelo.

8.- Dar respuestas a preguntas relacionadas con noticias de desastres naturales, catástrofes...
Aunque normalmente los niños más pequeños no ven las noticias, sí pueden hacer preguntas y debemos actuar contestando sus dudas de manera clara, y sencilla. Mi hija, sin ir más lejos, no tiene 6 años y ya me ha interrogado acerca del reciente accidente de avión de Germanwings y de toda la gente que falleció en el mismo.

Los pequeños pueden preguntarnos si  vamos a morir nosotros. Deberemos hacerles entender que no esperamos hacerlo en mucho tiempo pero que en caso de que algo pasara no iba a estar solos, sino que tendrían a mucha gente con ellos, familiares, amigos, personas importantes en sus vidas…

Mil y una cuestiones pueden aparecer y no es fácil dar con la respuesta adecuada. Yo me quedo con la sinceridad ante un hecho inevitable y la empatía acorde con la edad del niño con todo el sentido común del mundo.

Dejo el enlace a un documento sobre el duelo infantil que puede ser de gran ayuda.

¿Habéís tenido que afrontar alguna situación similar? ¿Cómo lo hicistéis?