Hubo un tiempo, durante mi etapa de crianza, en el que todavía me llamaban para hacer entrevistas de trabajo (sí, sí, increíble pero cierto).
   La verdad es que siempre las he afrontado con cierta tranquilidad y confianza, porque una juega en casa y eso quieras que no ayuda (que he estado del otro lado, vaya). Así que al conocer métodos, truquillos, estrategias y trampas, vas casi de sobrada y con una seguridad de diva que echa para atrás.
   Tan sólo hay una, una ocasión en la que durante el transcurso de la misma me sentí tan mal, tan superada, infravalorada, y poco respetada que aún hoy, casi cinco años después, me comen los demonios al recordarlo.
   Mi 5 y pico tenía meses. Y era una oportunidad fantástica, con jornada intensiva, hasta las tres de la tarde, en una entidad de cierta envergadura aquí en Madrid, con un puesto de responsabilidad hecho prácticamente a mi medida, y, habiendo pasado una criba inicial de casi trescientos candidatos. Hay que imaginarse el subidón que da eso, la verdad.
   La entrevistadora estaba embarazada de unos siete meses, calculé yo así a ojo echando vistazo a panza y ojeras. Y mientras me sentaba me frotaba las manos.
   Una hora después salí casi llorando, agobiada, culpable y casi frustrada, ¿por qué? por haber sido madre dos veces (si supieran que aún tendría que venir otro…) y concretamente madre especial.
   Mis conclusiones, tras aquella nefasta experiencia fueron las siguientes:
   –  Nunca hay antiojeras suficiente. Le faltó tiempo para preguntarme si es que no había dormido, y a partir de ahí lanzarse a interrogarme sobre mi vida privada. Señores entrevistadores: NUNCA se pregunta por eso, ¿qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?¿que el cerdo corre….? El número de hijos no determina el rendimiento ni la profesionalidad. No pude resistirme y tuve que soltarle un “disculpe, pero eso no creo que sea relevante”. Y perdí la batalla…
   – Búscate una au pair. Al saber que tenía dos hijos, cayó toda una retahíla de cuestiones acerca de sus cuidados, de mi marido, de horarios…Parece ser que la guardería no le daban suficientes garantías de seguridad, como si una fuese a estar pidiendo días todas las semanas. “¿Y si se ponen malos…?” Tienen un padre. “¿Y si no puede?” Pues estoy yo…”Al ser dos, ¿y si es una condición que se repite mucho, cómo lo harás?”..Pues llamo a tu …santa madre, rica, me dieron ganas de soltarle ( y no con esas palabras)
   –La movilidad se penaliza...Uy…¿y tanto cambio? Es que no me cuadra…A ver te lo repito por vigésimo quinta vez…He vivido aquí, aquí, aquí y aquí. La vida, criatura, la vida. Y santa suerte de haber podido trabajar…”Pues es que con tanto movimiento quién no me dice que en cinco años no vayas a mudarte”…O en uno, o en dos, o que a tí te echen, o que tengas un parto complicado, o que te vuelvas a quedar embarazada, o que la empresa cierre, o que caiga un meteorito, o una sublevación, yo que sé. Culpa mía por casarme con un funcionario…
   – Sobre todo, sobre todo, no tengas un hijo con necesidades especiales. “¡Uyyy! ¿Pero cómo vas a cuidarle y trabajar?” De momento en la guarde y por la tarde terapia. “¿Y cuando sea más mayor? Es mucho trabajo. ¡¡¡Cómo lo vas a compaginar!!!”. Pues como las miles de madres que tienen hijos, da igual que sea con o sin capacidades diferentes. Por cierto “ese hijo discapacitado” tiene nombre: Rodrigo. Del cabreo casi me quito los discos de lactancia y se los lanzo a la cara!!
   Es verdad que yo iba con muy pocas horas de sueño, que a lo mejor no era mi mejor momento pero nunca, nunca, me sentí tan mal a causa de otra mujer, embarazada.
   Cierto es que las mujeres muchas veces somos nuestras propias enemigas. Por curiosidad, el puesto le fue concedido a un hombre.
   Muy poca concienciación, responsabilidad social, y una gran falta de experiencia y profesionalidad.
   Y un largo camino.
   Ni siquiera nos acercamos a hablar de conciliación, cuando en este país se penaliza la maternidad. Y ni todos los informes que se publican, ni todos los estudios, ni todas las encuestas lo van a cambiar.
   Crudito lo llevamos.
   Con el tiempo pienso que, a lo mejor si hubiera tapado mejor para dismular mis lorzas parturientas, me habría ido la cosa mejor, no habría cantado tanto mi reciente maternidad, así que añado un quinto Tip: una asesora de imagen.
   Manda narices.