Estimulación-diagnóstico-TEA-discapacidad intelectual-blogMuchos años después, nos hemos vuelto a poner en el otro lado. Volvemos a la caza del diagnóstico.
No es que nos preocupen los resultados, la verdad, pero hemos decidido que era un buen momento para volver a intentarlo. 
Y la diferencia es un mundo.
Cuando, hace más de 7 años nos encontrábamos en esta misma situación, hablando con profesionales, respondiendo a las mismas cuestiones una y otra vez, nuestra forma de afrontar lo que nos estaba sucediendo era el insomnio la noche previa ante la incertidumbre y el desconocimiento.

¡Cuántos test, entrevistas, preguntas, habremos respondido!
Y el resultado, al final, siempre era el mismo: sin diagnóstico, descartando Trastorno del Espectro Autista.
Han pasado los años, miles de horas de trabajo a nuestras espaldas, las espaldas de todos, de los cinco. Y ahora, con esa experiencia, esa tranquilidad y, ¿por qué no? sabiduría que te da todo lo que hemos ido aprendiendo, es ahora cuando vamos identificando conductas que nos llevan a pensar que quizás, quizás, en unos días tengamos un nombre.
Pero sabemos que es sólo una parte de…Sabemos que todo él es sindrómico, a la espera de que las pruebas genéticas sigan avanzando. Que sí, que el sufrimiento prenatal y perinatal es irreversible, pero a lo mejor con un nombre consigo aliviar un poco esa comezón de culpa que me acompaña desde hace nueve años y medio.

Y lo sé. 
Sé que yo no tengo culpa de nada.

Lo sé.
Ahora díselo tú a mi subconsciente, a mi yo más profundo.
Parece que si nos confirman que cumple criterios para algún diagnostico, esa certeza vaya a darnos algo de paz.
No sé.

A lo mejor sí. 
A lo mejor podemos explicar a la gente mejor el porqué de sus comportamientos y eso nos relaje. 

La verdad es que a estas alturas no nos va a cambiar nada. Pero necesitamos saber.
Y volver a ponerse en situación tras tantos años nos hace recordar el larguísimo camino que hemos andado, los obstáculos que hemos superado, el insomnio, el sufrimiento, los miedos. la frustración y aquí estamos, enteros, supervivientes.
¡Qué diferente responder a esas preguntas cuando sabes porqué te las hacen!
Cuando conoces cada señal de alarma, cada cuestión tiene una razón. Vislumbras cada gesto, cada conducta disfuncional, cada manía, y la ubicas en cada situación.
Es tan fácil todo…
Y era tan difícil entonces…
Al final es el mismo niño, tenga o no un apellido nuevo.
Y me pregunto si no seremos egoístas por querer dárselo, si es sólo por nuestra tranquilidad.
Queremos pensar que es mejor saber para gestionar todo el tema de recursos. Es muy complicado interpretar informes de un niño que lo tiene todo pero a efectos de bases diagnósticas no tiene nada.
Ahora, al final del día, mi estómago se rebela y supongo que ese temple de nervios que creía estaba controlado me está recordando que soy humana, y me siento ansiosa y cansada.
Un paso más, otra vez. Ya veremos en qué acaba esta historia…