Hospital y familia. No se entienden el uno sin el otro, forman parte de uno de los roles que mi maternidad diversa y numerosa lleva implícitos.

De hecho cuando me estrené como tal además de hacerme un máster en pañales, toallitas y cremas protectoras , uno de los primeros datos que manejé con exactitud casi obsesiva fue la ubicación de las urgencias médicas. El tener que asistir a un centro médico una gran cantidad de veces al año es un “must”, bien sea por “itis” varias, caídas, golpes y porrazos imposibles, con resultados la mayoría de las veces muy escandalosos pero, afortunadamente, poco importantes.

En nuestro caso con tres criaturas y una de ellas con varias discapacidades, escaso control del equilibrio, un tono muscular discutible y una Epilepsia que lo hacen tropezar constantemente y lesionarse más de lo que nos gustaría,  este tema casi casi forma parte de mi rutina semanal…
Es más, creo que los propios agentes de Adeslas Plena plus tienen una alerta cada vez que aparece el apellido de uno de mis descendientes en el sistema, fijo.
Este invierno creo que he logrado un récord de asistencia en el hospital, qué le vamos a hacer. Ya tengo cronometrado los tiempos de metro y coche. Sé perfectamente lo que esperar en urgencias. Conozco a algunas de las enfermeras del turno de noche…Esta es la realidad.

Y es que, al margen de las revisiones de rutina, hay ocasiones en las que determinadas patologías o sintomatologías no pueden esperar. Simplemente porque empeoran. Y es en esos momentos cuando más agradezco tener una póliza familiar a la que llamar, explicar nuestra situación, nuestra urgencia, las circunstancias de nuestra residencia, la situación de nuestros hijos…todo en cuestión de días o incluso horas.

Hemos vivido una lesión en la mediana que se cronificó y le impedía practicar deporte (ella se dedica a la competición), en cuestión de días teníamos cita con un traumatólogo pediátrico y allí mismo le hacían todas las pruebas, con tan solo un par de gestiones.

O cuando tuve que ir con los tres, uno para quitar puntos, otro con infección de oidos y la que quedaba con problemas respiratorios. Poder recibir atención inmediata para todos, derivarnos a consulta, traernos una máquina de aerosoles a casa en media hora…
O cuando Rodrigo presenta resistencia al tratamiento y la rapidez en la atención neurológica para la modificación del mismo es clave. En estos casos no puedo evitar pensar se esas citas se producen en 5 o 6 meses, cuando lo veo convulsionar, no dormir, no comer. Probablemente habríamos acabado en urgencias del orden de dos veces por semana de media con puntos de sutura de por medio en el mejor de los casos. Y digo en el mejor de los casos porque la situación de Rodrigo con las caídas y las convulsione es un elemento peligroso para su integridad física.

Necesitamos atenciones médicas eficientes, rápidas y ágiles, y por supuesto de calidad.
Tenemos grandes profesionales pero saturados y escasos. Muy escasos para el elevado porcentaje de población que hay afectada. y más en el caso de niños, en los que las consecuencias pueden ser impredecibles.

Desgraciadamente en nuestra familia vivimos pendientes de elementos como la temperatura y pérdida de apetito. En cuanto estas se alteran directamente asistimos a urgencias. Y puedo afirmar que acertamos casi con un 100% de seguridad en que algo no va bien. Cuando no existe lenguaje en el paciente hay que guiarse por la intuición, y pocas veces nos ha fallado.

No en pocas ocasiones he leído comentarios de padres que han tardado un año, medio año, muchísimos meses en poder realizar determinadas pruebas a sus hijos, hijos con determinadas patologías o condiciones que no pueden esperar. Y eso me indigna porque nadie se hace cargo de la impotencia que sientes como progenitor al ver que tu pequeño no está bien y de esas pruebas puede depender una cirugía, un fármaco, una terapia que mejore su salud, su calidad de vida, sus síntomas…

Insisto en que tenemos un sistema sanitario de especialidades muy bueno pero lento por la falta de recursos, y para aquellos que no pueden disponer de un seguro de salud que agilice no es justo.
En nuestro caso es el equivalente a nuestra seguridad social dado que se trata de una mutua, y damos gracias cada vez que tenemos que hacer una llamada y pedir una prueba por lo ágil que es todo, porque con tres todo se triplica. En fin, algo reivindicativa ando, pero mirad, a día de hoy Aitana no presenta ninguna lesión ni cojea y Rodrigo lleva más de un mes sin convulsiones y esto, amigos, ha sido gracias a esa rápida intervención, a esos profesionales  y a esa medicación que nos ha cambiado, en un breve lapso de tiempo la vida.