Soy una persona de buen temple, me tengo por tolerante, pacífica, de paciencia amplia y poco amante de conflictos. Creo en el diálogo y respeto absolutamente todas las opiniones porque considero que no existe la verdad absoluta acerca de un tema (temas no lesivos se entiende).
   Pero también me gusta conocer, informarme, y, antes de opinar, tener un escenario formado para evitar emitir juicios de valor ni entrar en críticas.
   ¿Y esto a qué viene? A un comentario recibido a raíz del post sobre Sordera parental nocturna, que insisto, acepto con gusto y agradezco, pero que no comparto y me confirmó lo que la falta de información y de visión global pueden llegar a sesgar la realidad.

   Cuando escribí el post lo hice claramente en tono de humor, de sarcasmo y autocrítica. Los blogs personales están para esto, ¿no? Para plasmar lo que sentimos, pensamos, deseamos por las razones que sean en la clave que uno desee siempre desde el respeto. Y oye, la libertad de leerlo o no, de que te guste o no, pues es eso, libertad personal.
   Pero reconozco que me molestó la falta de sentido del humor (lo siento) y la sensación de que mi pareja estaba siendo atacada por lo que en él narraba, y todo porque faltaba gran parte del guión que componen mis noches y mis días.
   Porque yo soy la primera que me río de mí misma, y de mi familia, porque la risa, el humor es una alternativa a la autoflagelación y el autocompadecimiento en el que podíamos estar sumidos.
   Todo el mundo que dedique un ratín a pasarse por aquí -miles de gracias por cierto- sabrá que tenemos un hijo con lesión cerebral. Nuestro hijo, además del colegio trabaja en casa. Sigue un programa de neuroestimulación muy muy duro que supone horas. Muchas horas. No, no estamos explotándolo. La estimulación para los niños es tan importante como comer, beber, dormir o jugar. En el caso del de casi 8, más aún, Porque no sabe jugar, porque lo demanda ya que para él es lo más parecido a un acto lúdico, porque se siente bien cuando trabaja, porque le despierta emociones, sensaciones que de otro modo estarían amuermadas, aletargadas o escondidas para siempre. Porque tiene la capacidad y las herramientas para hacer muchas cosas pero necesita guias para aprender a usarlas y ayuda extra, que somos nosotros y las pautas que los profesionales nos aportan.
   Y ese trabajo extra lo lleva a cabo, hoy en día, mi marido por opción personal y decisión propia.
   En los primeros momentos era yo la que asumí este trabajo, pero a medida que la familia crecía y las necesidades de nuestros otros hijos también, nuestra organización familiar asumió esa logística.
   Así, yo, que de momento trabajo dentro de casa, lo hago mientras mi marido lo hace fuera de. Cuando llega, y, tras comer, recoge a nuestro hijo y directamente se pone manos a la obra hasta la hora de la cena. De lunes a viernes. Y los fines de semana duplica horas de trabajo, Mi marido no sale, ha dejado de lado sus hobbies y pasiones, no tiene vida fuera de casa y del trabajo del mayor. Y lo lleva con alegría porque ha decidido que es lo que necesita nuestro hijo y que él está por encima de nuestras necesidades personales. Y lo hace con una disciplina envidiable para mí, de la que yo me creo incapaz de cumplir.
   Yo me ocupo de todo lo demás.
   Y sí, sufre de Sordera parental nocturna. Y sí, puede pasar un camión por encima y no enterarse. La gente que convive con personas con sueño profundo saben lo que es. Y que cuando estás criando esto molesta enormemente, hasta límites desquiciantes. Tambien es verdad que, cuando estoy muy muy cansada o enferma me apoya todo lo que puede y más, Lo despierto por la noche y él los atiende. En fin, lo que cualquier pareja corresponsable en el hogar haría, ¿no? Porque hay muchos tipos de corresponsabilidad, no sólo repartir plancha, o cocina, o limpieza. La vida de una pareja son muchos más ámbitos. En mi caso, casi un 50% de nuestra vida se centra en el trabajo de nuestro hijo, o más. Y yo sólo puedo dar gracias por tener la persona que tengo a mi lado. Los dos hemos hecho concesiones, y hemos conseguido lograr un equilibrio con un objetivo y un bien común: lograr lo mejor de nuestro casi 8 y por ende de nuestra familia. Tendremos nuestros días, nuestras temporadas, y nos reímos, sí, de nosostros. 
   ¿Por qué no? Todo se vive mucho mejor con alegría y aceptación, hasta las noches eternas,