– Mami, mami, MAMIIIIIII!!!
  – Cari…levántate tú ahora anda, que ya he ido yo treinta y siete veces a ver qué le pasa al niño.
  – Grooarggghhh….ziiiiiiii….groaaaargggghhhh…ziiiii
  –  Eh, oye, EEEEHHHH
  – ¡Qué, qué pasa, qué!
  – Nada, que si puedes ir tú a ver qué le pasa al niño, que no puedo con mi vida.
  – Claro pichurrina enseguida……grooarggghhhhhh…..ziiiiii
  – Me cago en todo lo que se menea, si es que no se puede, si es que así da gusto, claro, tú como un lirón…y yo…y entonces…y …grrrffff.

   Y así una noche, y otra, y otra, desde hace siete años, con tres niños, desincronizados, llorando y clamando asistencia en combinaciones sin repetición.

   Y no me digas que no es tu caso, no te creo. Es imposible. Y si es así me caes mal, FATAL.
   La conocida como Sordera paternal nocturna selectiva es congénita. Todos los padres la sufren, salvo raras excepciones. Si tu pareja es ese caso sospecha y con razón: alguna alteración genética, alguna enfermedad subyacente, algún inquietante motivo oculto se esconde en esa rápida reacción paternal ante el clamor del infante que se desgañita para, no en pocas ocasiones, pedirte un vaso de agua. Vaso que no llega a beberse porque cuando llegas con el mismo se ha quedado torrado como no podía ser de otro modo.
   Levantarte a las cinco porque ya, total pa que te vas a acostar si, entre los unos y los otros y los otros y los unos te han desvelado. Y, cuando llevas tres cafés, te has leído todas las noticias y has cotilleado un Cuore que te has encontrado por ahí tirado de hace medio año aparece él, con un ojo abierto y otro cerrado:
   – Buf, qué sueño hace. Pero no ha sido mala noche, ¿verdad?
  
   Y tú a puntito de escupirle el café en un ojo, con el tic de turno y la venilla hinchada, echando espumarajos por la boca, tratando de mandarle a pasturar pero ni fuerzas tienes para articular un muy rencoroso:
   – Será para tí.
   
   Ya cabreada para todo el día sólo puedes pensar en que esta noche no va a ser peor pero sí puede serlo. Claro que puede serlo.
   Y tengo malas noticias amigas mías, mujeres del mundo. De nada vale que nos cabreemos, que les pongamos la cuna a su lado de la cama, que los mandemos a colechar con los niños, porque no se despertarán. No lo harán.
   Porque a nivel evolutivo hay una razón, filogenética maldita, neurodesarrollo humano puñetero: el niño recién nacido llora, llora y mientras llora escanea la frecuencia auditiva de la madre hasta que ,clic, de repente ésta reacciona ante ese llanto y ya se ha liado para los restos. Ya la ha pillado pero bien. Y el padre de la criatura se encuentra totalmente fuera de dicha frecuencia.
   Que no lo digo yo, que lo dice gente muy lista con gafaspasta que escribe libros y todo.
   Así que no es que esté sordo ni sea un melapeling. Que es un tema de selección natural y nos toca amochar a las mujeres.
  
  Pero es que además en mi caso esa sordera selectiva no sólo se extiende al ámbito nocturno, sino que mi marido sí tiene una pérdida auditiva leve en un oído y una atención selectiva que flipas.
   Domingo, hora de cenas. Pelos y cara de loca por no haber dormido y llevar todo el santo día de lavadoras y preparando mudanza. Hecha un ascazo por dentro y por fuera. Un objeto de deseo, vaya…

– Carño, ya he terminado. Me encargo yo.
– Ok, Ponles los pijamas y prepara las cenas de estos anda que tengo que tender una lavadora y la sopa del mayor. Y vete colocando el lavavajillas,
– ¿Cómo?
– Que les pongas los pijamas -estos pijamas que te he dejado aquí preparaditos-, les prepares las cenas a los pequeños -con esto que te he dejado en la encimera- y si puedes coloca el lavavajillas -que tanto odio.
– Claro. claro, enseguida…..¡Ala mira, los Power Ranger, hija, esto lo hacían en los tiempos de mamá y papá! – mientras se acaba la copa de vino y se queda absorto mirando la tele mientras no doy crédito.

   Y así me muerdo el labio respirando hondo, acabo la sopa, les pongo los pijamas, les preparo las cenas y suelto gritando: HIJA, YA TE HE HECHO YO LA CENA, que te caes de sueño.
  – ¡Ay, pi! Pero que me encargo yo…
  
   Grrrrrffffff. ¿EN SERIO?