Yo no sé si esto del romanticismo va con la carga genética de cada uno, si es cuestión de aprendizaje, si es un producto de creativos de marketing o va envuelto en un aura mística, de verdad que no lo sé.
   Lo que sí sé con certeza, y tengo claro meridiano es, que una cosa es el romanticismo y otra toda la milonga relacionada con el 14 de febrero que, querid@s míos, me mata y me empalaga a partes iguales.
   Que ninguna ponga el grito en el cielo, en plan ¡hereje!, porque no es la idea. Que cada cual haga con su tiempo, sensaciones y dinero lo que quiera, Dios me libre.
   “La celebración del amor” así se anuncia San Valentín, durante un buen mes, para que de tiempo a prepararlo todo y no dejar ni un solo detalle al azar. Hago un inciso para, desde aquí, hacer un llamamiento a la celebración de San Dionisio, dios del vino y de la fiesta, que me da que también puede ser un pelotazo a nivel de celebraciones lo más de lo más.
   Buscar el mejor sitio para cenar, si aparece un corazón en la pizarra del menú o en la carta un brownie extra de chocolate con cobertura rosa, mucho mejor, porque seguro que eso es signo de que la comida va a hacer que quieras a tu pareja mucho, muchísimo más, vamos, con locura.
   Un vestido, un conjunto sexi, zapatos, peluquería, a tope con las abdominales metiendo tripa o el spinning para el culete, que todo esté lo mejor puesto en su sitio que se pueda (que he visto anuncios en gimnasios, que no es invención mía, ojalá)
   Ese regalo que ha de ser lo más, con el que seguro que durante un año enterito va a estar pensando en tí, ¡garantizado!
   Buscando esas canciones o películas que evoquen sensaciones de las primeras salidas, esas que hacen que tu corazón se ponga a mil y los ojos te hagan chiribitas.
   Y a quererse, que es un día al año, hombre..
  Yo reflexiono, si, es ese el único día durante el año en el que lo das todo por tu pareja, amig@, tienes un problema. De grandes dimensiones apunto.
  ¿Cuándo ha sido la última vez que un 24 de marzo, por ejemplo, le has hecho a tu pareja un regalo porque sí? O has organizado una cutre cena en casa cuando los niños se han acostado, te arreglas y junto al sandwich mixto preparas dos copas de vino y os dedicáis a charlar, y a miraros a los ojos recordando momentos pasados…
  O le has dicho que le quieres, con esos pelos, esas ojeras, esas pintas, porque sí, porque el romanticismo está en hacer cada rutinaria y cotidiana cosa juntos.
   En preparar su comida preferida, aunque te lleve toda la mañana y no tengas tiempo de nada porque quieres darle una sorpresa y su cara de felicidad al comerla no tiene precio.
   Ese día en el que el otro se busca cualquier cosa que hacer y lleva a la tribu lejos para que disfrutes un rato largo de la soledad y te relajes.
   En que te den y le des las gracias por estar ahí, y valorar su entrega.
   En compartir buenos y malos momentos.
   En la espontaneidad.
   Eso es el romanticismo y eso es San Valentín, mi San Valentín soñado.
  Y una cosa, que las feromonas no sólo salen a pasear en febrero, ¿eh? que las llevamos de serie puestas. Podemos ver estrellitas en los ojos del otro un jueves a las cinco de la tarde con un abrazo, un domingo en la comida, o con una inesperada llamada de teléfono.
   Lo dicho, si tu vida amorosa gira en torno al cupido de turno, háztelo mirar, que de los sentimientos fugaces no se ha escrito ninguna gran historia de amor.
   Y viendo tooooodo esto me acabo de dar cuenta de que soy una romántica de la vida, porque mi San Valentín lo tengo a diario.