Mi hijo de 7 años no habla, no tiene lenguaje oral a excepción de fonemas aislados y unos Pa-pa y Ma-ma que parece, se intuye que puedan estar cobrando significado.
Y poco más.
Y eso es lo que más angustia, impotencia y dolor de cabeza me ocasionan: no entenderle.
Lleva un par de días comiendo fatal, y claro, nosotros obligándole porque no sabemos si es que no le gusta o no le da la gana (que pasa mucho) o no puede. Ante la duda “para adentro” porque toma mucha medicación por las noches y no podemos administrársela con el estómago vacío.
Y esta mañana han llegado los gritos y luego los vómitos, y más gritos. Ahí lo tenías. Pues sí. resulta que sí había algo de fondo. Ahora ya se encuentra más o menos bien, animoso, pero hace un rato se le acababa el mundo del dolor. Nunca sabremos si eran gases, flemas, indigestión, infección…Ir a urgencias no es una opción:

-“¿Cuánto lleva así?”
-“Unas horas”
-“¿Y qué le duele?”
-“…”

La historia de nuestra vida…

¿Sabéis esa horrible sensación de remordimientos mezclada con algo de vergüenza? Pues así me siento yo al verlo malito y haberle obligado a comer, y no haber sabido leer entre líneas.
Y son tantas veces…
Saber que tiene una infección en un oído brutal sólo cuando grita a todo volumen, porque en ese instante se le está perforando el tímpano, y no haber podido llevarlo antes al otorrino…
Que tiene placas en la garganta sólo cuando el termómetro ya casi alcanza 40 grados y está prácticamente tirado por el suelo. En ese momento en el que el médico te dice: “Pero, ¿cómo me lo trae así y no vino antes?”
Pues mire usted, porque no me puede decir qué le duele ni qué le pasa.

Y ese es nuestro mayor problema en este momento: los malestares. Porque en el resto de áreas nos entendemos bastante bien, porque mi hijo comunica, y mucho, ¡vaya si comunica!
Esa mirada picarona cuando quiere jugar, ese gesto con la mano cuando tiene sed o hambre, ese abrazo cuando quiere jugar o bailar…
Esos soniditos perfectamente modulados según a quién llame y para qué lo haga…
Porque NO EXISTE LA NO COMUNICACIÓN, y eso es algo que nuestro neurólogo no parece entender, pero ese es otro tema.

Se pueden decir tantas cosas desde el silencio, y estamos aprendiendo poco a poco a conocer cómo piensa. Yo digo que somos algo brujos…Mi mediana que si sabemos leer la mente…
Nuestros niños con lesión cerebral tienen con gran frecuencia problemas de lenguaje. Es uno de los procesos cognitivos  más complejos, y en cuanto se montan las estructuras cerebrales y algo falla en ese circuito, el lenguaje queda alterado.
Y menos mal que cada vez hay más herramientas y profesionales vocacionales y volcados con los nuestros para ayudarnos en ese complicado proceso de enseñanza-barreras-aprendizaje.
Con, primero los Pictogramas y ahora el Sistema aumentativo Gestual y oral (SAGO) de la Fundación Gil Gayarre (Colegio de mi corazón), poquito a poco estamos mejorando nuestra dinámica familiar porque vamos entendiéndonos todos un poco más y eso nos está facilitando enormemente la convivencia.
Esas cuatro o cinco acciones que ya identifica en imágenes y gestos quizás para tí no sean nada, pero para nosotros significa que él, nuestro 7, nos está regalando un auténtico recital al mayor de los niveles literarios.
Hemos aprendido del valor de esa ausencia de palabras. De las distintas frecuencias de los sonidos. Leemos sus gestos, sus pestañeos. Nos conocemos cada pliegue de su piel y cada microexpresión.
Pero con el tema de las enfermedades aún nos queda camino, porque de saber que le duele algo, a saber qué le duele va todo un abismo de comprensión.
Y esa es nuestra meta y nuestro reto para futuros días del libro como éste, que él sea capaz en un futuro de pedirnos el suyo propio. Sería precioso, ¿verdad?
Y tú, ¿escuchas el silencio?